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El perfume

Análisis semiótico del libro El perfume

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Durante toda la novela El Perfume percibe una implícita manera de describir el proceso semiótico (proceso complejo de percepción/apropiación/producción significativa que el hombre hace de la realidad, que pasa de la observación de los signos concretos a la abstracción de sus características generales.). Permanentemente parece resurgir en la historia los elementos de las relaciones triádicas planteadas por Peirce, relacionándose de una forma que da fluidez a la narrativa misma del relato. Es tan fuerte la presencia de este proceso y tan reiterativa su conveniencia para la novela que resultaría iluso pensar que la inclusión del mismo haya sido inocente, especialmente teniendo en cuenta la base semiótica de su autor. Esto no solo facilita el análisis de la novela a través de los conceptos de la disciplina sino que lo hace necesario para la comprensión y la búsqueda de su verdadera esencia.

Es de hecho tan importante el proceso semiótico en la historia que la percepción de los perfumes, que son el hilo conductor del relato, es expresada desde la perspectiva de interpretación del signo. Existe una evidente intención por parte del autor de describir la relación de las personas con los distintos olores presentes en la novela a través de la lógica con que se interpreta un signo: la relación triádica entre objeto, representamen, interpretante. Sumado a esto se nos presenta la elección de un protagonista cuya característica sobrehumana que lo diferencia del resto es poder realizar esta interpretación de manera conciente. Un claro ejemplo se encuentra en el segundo capítulo del libro y sirve para marcar desde el principio la forma en que se tratará los aromas (objeto) en relación directa con su sensación (interpretante) e inmediatamente conectada con su reacción particular (interpretante dinámico). En este ejemplo, la nodriza Jeanne Bussie se ve obligada por el padre Terrier a describir el olor de los bebes:

“…no es fácil decir porque… porque no huelen igual en todas partes, aunque todas huelen bien. Veréis padre, los pies, por ejemplo, huelen como una piedra lisa y caliente… no, más bien como el requesón… o como la mantequilla… eso es, huelen a mantequilla fresca. Y el cuerpo huele como… una galleta mojada en leche. Y la cabeza, en la parte de arriba, en la coronilla, donde el pelo forma un remolino (…) precisamente aquí es donde huelen mejor. Se parece al olor del caramelo, ¡no podéis imaginar padre, lo dulce y maravilloso que es! Una vez que se les ha olido aquí, se les quiere, tanto si son propios como ajenos.”

Existen muchos elementos sobresalientes en este ejemplo. El primero es la manera de escribir los aromas mediante ejemplos. Esto se debe por un lado a la escasez de adjetivos para describir las sensaciones olfatorias frente a los numerosos ejemplos para describir las visuales, auditivas o táctiles. Podrían sin embargo haberse utilizado adjetivos correspondientes a otros sentidos su reemplazo, por lo que suponemos que el juego de relacionar los objetos a través de sus perfumes, actitud que se repetirá durante todo el libro, es usado no solo por fines estéticos sino también para destacar el carácter subjetivo de la interpretación de signos. En “El lugar de la imaginación en la semiótica de C. S. Peirce” de Fernando Andacht se aclara que al describir “la imaginación pragmática”, T. Alexander sostiene que lo que salva el pragmatismo de Peirce, James, Mead y Dewey del positivismo es su afinidad con “las dimensiones creativas, temporales y experimentales de la experiencia”. Además de esto se incluye la dimensión estética del argumento cuando en el ejemplo se dice que “no huelen igual en todas partes, aunque todas huelen bien”. Finalmente la relación triádica en la interpretación del signo se ve cuidadosamente completada en las palabras de la nodriza al incluir en el último elemento la acción que se desencadena, el interpretante final: “Una vez que se les ha olido aquí, se les quiere, tanto si son propios como ajenos.”.

De esta manera, en base al tratamiento que el autor da al perfume, principal elemento dentro de su novela, vemos justificada la interpretación de la misma en base a los conceptos de Peirce. Procederemos entonces a enfocar nuestro análisis a las maneras concientes o inconcientes en que los personajes intentan llegar a un determinado objetivo haciendo uso de la lógica semiótica.

Nos parece conveniente, partir entonces de la principal búsqueda en la novela. Nada menos, que la de su protagonista: Jean Baptiste Grenouille, cuyo objetivo principal, según se expresa en la novela dice es convertirse en “el perfumista más grande de todos los tiempos” y “revolucionar el mundo de los olores”. Nos resulta interesante analizar el momento en el cual el protagonista construye las razones con las que se fundamenta a sí mismo la importancia de llevar a cabo estos objetivos.

Para esto retomamos las categorías de argumento desarrolladas por Peirce, que según se encuentra en el libro Narración - Semiosis/Memoria de Marcelino García estas se basan en los tres tipos de verdad según la lógica, la ética y la estética que se relacionan dividiéndose en tres movimientos que, sin embargo, significan tres momentos de un mismo movimiento.

Primer movimiento: “quienquiera que razona, ipso facto mantiene virtualmente una doctrina lógica, su lógica utens, a la vez que aprueba el argumento formulado. “semejante autoaprobación proporciona autocontrol, así sostenemos que el acto de inferencia, el cual aprobamos, es voluntario”, el cual (como instituir un experimento de prueba) nuestra lógica (natural o científica) aprueba justamente. Por ello, para Pierce, el meollo de la lógica radica en la clasificación y la crítica de los argumentos (…).

Segundo movimiento: “Pero la aprobación de un acto voluntario es una aprobación moral”. Así la ética es el estudio de “los fines de acción que estamos deliberadamente dispuestos a adoptar”. La rectitud (de la acción/argumento) está dada por la conformidad con los fines que se “está dispuesto a adoptar deliberadamente como últimos”.

Tercer movimiento: “Un fin último de la acción, deliberadamente adoptado –es decir, razonablemente adoptado– debe ser un estado de cosas que sea razonablemente recomendable en sí misma, aparte de cualquier consideración ulterior. Ha de ser un ideal admirable, en posesión del único tipo de bondad que un ideal así puede tener; a saber, la bondad estética.”

Analizamos entonces el momento dentro del libro en el que son especificados los objetivos de Grenouille, el momento mismo en el que se produce el “movimiento” que relaciona las tres categorías argumentativas.

“En cambio, hoy le parecía saber por fin quién era en realidad: nada menos que un genio; y que su vida tenía un sentido, una meta y un alto destino: nada menos que el de revolucionar el mundo de los olores; y que sólo él en todo el mundo poseía todos los medios para ello; a saber, su exquisita nariz, su memoria fenomenal y, lo más importante de todo, la excepcional fragancia de esta muchacha de la Rue Des Marais en cuya fórmula mágica figuraba lo que se componía una gran fragancia, un perfume: delicadeza, fuerza, duración, variedad y una belleza abrumadora e irresistible.”

Esta manera de caracterizar el perfume de la muchacha de la Rue des Marias como delicado, fuerte, y de belleza IRRESISTIBLE, indica en Grenouille una convicción, una creencia de verdad desde el punto de vista estético. Esto marca el inicio del movimiento. Desde aquí se determina al objetivo de revolucionar el mundo de los olores, de dotar al mundo de fragancias con tan maravillosa esencia como una verdad ética.

Se sientan así las bases doctrinales que servirán como movilizadores de los métodos y prácticas de Grenouille a lo largo de la novela. Esto lo relacionamos con el concepto de pragmática en la página 18 del libro de Alejandra Vitale:

“El espíritu genuino del pragmatismo, consiste para Peirce en considerar que el significado lógico de los conceptos se encarna en hábitos generales de conducta. Desde este punto de vista, el pragmatismo sostiene que lo que nosotros pensamos debe ser entendido en términos de aquello que estamos dispuestos a hacer”.

Desde esta base Grenouille empezará a “construir y proyectar” sus acciones en pos de lograr su meta, categorizando y clasificando olores, incorporando y memorizando otros nuevos y mezclándolos en su mente a modo de experimentación; para buscar las mejores combinaciones. El resultado de esta construcción de argumentos son los que determinarán los interpretantes dinámicos que se generaran en el personaje de Grenouille.

Es interesante observar cómo el autor, a la hora de describir aquellos interpretantes, le da importancia a su manera de ser construidos desde la perspectiva de los argumentos lógicos. Las mismas se pueden analizar a través del concepto de lógica según el cual Peirce plantea que para entender un fenómeno observado ordenándolos en una estructura que incluye una regla, un caso y un resultado:

“Al observar un hecho intentamos subsumirlo en una ley general (…) Desde la lógica Peirce plantea la misma idea: observamos un resultado y una ley o regla, a través de la hipótesis planteamos un caso que nos permite entender el fenómeno observado al hacerlo parte de la estructura regla, caso y resultado. La explicación entonces consiste en poder articular lo observado en esta estructura lógica.”

Los fenómenos que Grenouille observa serán de este modo traducidos en una estructura lógica guiada mediante los criterios construidos en el movimiento descripto anteriormente. La edificación de las categorías por las cuales ordena los olores lo inducirán por ejemplo a generar un creciente odio hacia los hedores provenientes de los seres humanos llevándolo al punto del aislamiento y la alienación (interpretante dinámico).

Del mismo modo se produce un giro en la trama de la novela cuando Grenouille cree reencontrarse con el objeto que lo llevó en un primer momento a la edificación de estas categorías:

“Sintió vértigos, se tambaleó un poco y tuvo que apoyarse en la muralla deslizarse con lentitud hasta que estuvo en cuclillas. En esta posición, mientras se recuperaba y frenaba su imaginación, empezó a oliscar la fatal fragancia con inspiraciones más cortas y menos arriesgadas. Y concluyó que el aroma de detrás de la muralla era ciertamente muy parecido al de la muchacha pelirroja, pero no del todo igual. Desde luego lo emanaba una muchacha pelirroja, de esto no cabía la menor duda.”

Las sensaciones que se describen son aquellas reacciones que manifiesta el personaje al encontrarse con un indicio, una marca, un rastro. La inmediata comparación con el aroma de la mujer de la Rue Des Marias y la conclusión de su similitud lo arrojan al personaje al interpretante descripto. Lo que ocurre inmediatamente después es un análisis de la situación para la cual se procede a subsumir la situación dentro de las estructuras lógicas descriptas arriba. Aquí el objetivo de Grenouille es encontrar el objeto con el que el índice percibido entabla su relación existencial. Su fuente. Por lo que se corresponde con la lógica de la abducción.

Por su similitud con este caso específico tomamos una serie de definiciones de Peirce sobre el método de abducción:

“Una abducción es un método de formular una predicción general sin ninguna seguridad positiva de que tendrá éxito, tanto para un caso especial como de modo general, consistiendo su justificación en que es la única esperanza posible de regular nuestra conducta futura racionalmente y de que la inducción a partir de la experiencia pasada nos proporcione un fuerte estímulo para confiar en que será exitosa en el futuro.”

“…Esta clase de inferencia se llama formular una Hipótesis [Abducción]. Es la inferencia de un caso a partir de una regla y de un resultado.”

“La hipótesis [abducción] se da cuando encontramos algunas circunstancias muy curiosas que se explicarían por el supuesto de que era un caso de una determinada regla y, por ello, adoptamos ese supuesto. O cuando encontramos que dos objetos tienen una fuerte semejanza en determinados aspectos e inferimos que también se parecen mucho uno a otro en otros aspectos.”

Existe una regla (hay un aroma proveniente del otro lado del muro) y existe un resultado (el aroma proviene de una mujer pelirroja) que se verifica por la comparación con índices deducidos anteriormente, se infiere entonces por caso que detrás del muro hay una mujer pelirroja. Por el carácter provisorio el personaje deberá regular su conducta futura para comprobar si efectivamente la hipótesis es acertada y pasar de la duda a un estado de creencia.

Este estado de creencia, esta certeza reafirma los argumentos éticos y estéticos que se construyeron en un primer momento restableciendo con renovadas fuerzas los hábitos incorporados por la lógica pragmática ya cimentada. Encuentra además un nuevo objetivo que consiste en la obtención de esta fragancia para su uso. De esta misma manera se puede analizar como las bases desde donde estos hábitos son fundados peligran por una deducción a la que llega el protagonista:

“Grenouille se asustó”

En este fragmento se percibe como el resultado de esta deducción amenaza la sustentabilidad de los argumentos en los que basaba toda su metodología. Grenouille cae en cuenta de la regla mediante la cual todos los perfumes son volátiles, efímeros, fugaces y perecederos. Encontrándose por caso de que él está buscando un perfume, deduce entonces el resultado en el cual dicho perfume, por más perfecto que fuere, será también volátil y perecedero. Sumado a esto una nueva deducción que resulta en: Si el perfume tiene solo una fuente y la misma se agota en su primera extracción, solo podrá tener una muestra de dicho perfume. ¿Es de alguna forma verosímil la idea revolucionar el mundo de los olores a través de un perfume con estas características? ¿Vale la pena la obtención del mismo si de todos modos se perderá para siempre?

Grenouille se da cuenta que las bases de la edificación de su argumento no son lo suficientemente fuertes para mantener la cimentación. Tal es así que el personaje “Se estremeció. Le asaltó el deseo de renunciar a sus planes, de perderse en la noche y alejarse de allí.” Es mediante una inducción que puede volver a fortificar sus bases y persistir en la búsqueda de sus fines. La misma dicta que, según sus experiencias pasadas en las cuales mezclando las sustancias volátiles con otras más perennes pudo prolongar la existencia de los aromas, lo mismo podría hacer con la fragancia que se disponía extraer.

Alcanzada y validada esta premisa se da por concluida en la historia el proceso de edificación y se procede a la aplicación de todo aquello que fue tan cuidadosamente bosquejado en la cabeza. Grenouille se pone inmediatamente a recolectar las fragancias que aportarán a la fortaleza del perfume y finalmente aquella destinada a ser el eje mismo en el cual todas las demás confluirán. De esta manera, siguiendo cada uno de los pasos, aplicando todos los métodos ya validados mediante la experiencia, el ensayo y la reflexión, logra culminar exitosamente su búsqueda.

Es sin embargo un curioso final el que escribe el autor. Tras haber cumplido su objetivo, teniendo en su bolsillo un frasco lleno de ese perfume perfecto que tanto añoraba, Grenouille siente un vacío que lo lleva a la depresión y a la búsqueda de su propia muerte.

“La mano que había tocado el frasco olía con gran delicadeza y cuando se la llevó a la nariz y olfateó, se sintió melancólico, dejó de andar y olió. Nadie sabe lo bueno que es realmente este perfume, pensó. Nadie sabe lo bien hecho que está. Los demás sólo están a merced de sus efectos, pero ni siquiera saben que es un perfume lo que influye sobre ellos y los hechiza. El único que conocerá siempre su verdadera belleza soy yo, porque lo he hecho yo mismo. Y también soy el único a quien no puede hechizar. Soy el único para quien el perfume carece de sentido.”

Vemos que este fragmento, en el que se expresan la depresión en la que el protagonista se sumerge, se encuentra relacionado con el pragmaticismo de Peirce. Se interpreta aquí que, ante la falta de personas capaces de percibir la obra de Grenouille, de interpretarla y aportar a su genialidad o desmentirla, no se encuentra presente la continuidad en la búsqueda que aporta la idea del falibilismo.

“El principio de continuidad es la idea del falibilismo objetivado. Pues falibilismo es la doctrina de que nuestro conocimiento nunca es absoluto, sino que siempre oscila corno si estuviera en un continuum de incertidumbre e indeterminación. Ahora bien, la doctrina de la continuidad es que todas las cosas nadan, flotan, oscilan (swim) en continuos.”

Ante la culminación de los objetivos, por la necesidad de aportar veracidad a los métodos llevados a cabo, de los argumentos, de la construcción, de las bases en que fue edificada la lógica de nuestra pragmática, resulta menester el diálogo de los mismos ante una comunidad capaz de validarlos o refutarlos. De esta manera se desarrolla una continuidad en el conocimiento, en la búsqueda de lo real.

La noción de falibilismo, que niega la existencia de una verdad absoluta, mantiene el conocimiento producido pragmáticamente dentro de un halo de incertidumbre e indeterminación, pues deja abierta la posibilidad de que el mismo pueda ser refutado constantemente. Sin embargo, esta interacción dialógica del conocimiento nos abre los ojos ante los hechos observables donde descansa la continuidad de la veracidad del mismo, obedeciendo nuevamente el carácter subjetivo mediante el cual se efectúa la relación triádica del proceso semiótico.

La realidad es conocida mediante signos. No puede ser agotada ni adoptada pues los signos se interpretan de diferentes formas y en diferentes momentos. La falta de falibilidad en los hallazgos de Grenouille, la existencia en una realidad y una verdad que solo puede ser concebida, verificada y confirmada por nadie más que él es lo que lo impulsa a planear su suicidio. Su muerte se relaciona con la opresiva sensación de llegar de manera conclusiva al final de su búsqueda.

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