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El perfume

Biografía de Patrick Süskind autor de la obra El perfume

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En la contraportada de sus libros, lacónicamente, siempre aparecen los mismos datos: «Escritor alemán nacido el 26 de marzo de 1949 en la localidad alemana de Ambasch (Baviera) e hijo del escritor expresionista Wilhelm Emanuel Süskind. Estudió Historia Medieval y Moderna en Múnich y hoy lleva una vida completamente aislada en su localidad natal y en París».

Y nada más. Desde hace más de 20 años son exclusivamente esas líneas repetidas hasta la saciedad lo que se sabe de Patrick Süskind, el autor de El perfume (1985), obra de ficción que ha vendido más de ocho millones de ejemplares desde su publicación y que se tradujo al menos a 45 lenguas, entre ellas el latín. Y el interés sobre su mera existencia en el planeta quedaría en el olvido si no fuera porque la novela, después de 15 años de arduas negociaciones, finalmente ha podido ser llevada al cine en una superproducción made in Germany, la más cara en la historia del país, que ha costado la friolera de 50 millones de euros.

En la historia de la literatura universal existe una figura que se repite cíclicamente cada ciertas décadas, sin ninguna explicación plausible. Se trata del autor que un buen día decide «desaparecer», de buenas a primeras. No concede entrevistas, no deja que le tomen ninguna foto y no participa en ningún programa de televisión, incluso en el caso de que siga publicando sus obras. Desaparecen sin dejar rastro. En España, en los últimos años, se ha podido conocer algo de estos casos gracias al escritor catalán Enrique Vila—Matas, que en sus obras Bartleby y compañía y El mal de Montano ha estudiado a estos autores que en cierto momento de sus vidas deciden echar el cierre a sus existencias y desaparecer del alcance del ojo público.

En las últimas décadas tenemos dos grandes ejemplos de escritores «desaparecidos» en Jerome David Salinger y Thomas Pynchon. El primero, tras lograr fama y notoriedad y transformarse en icono de los jóvenes de su época con la obra El guardián entre el centeno (1951), pasó a convertirse en objeto de culto después de su desaparición voluntaria. Se mudó de su Nueva York natal a Cornish (New Hampshire) y se tornó en un recluso que se apartó del mundo exterior hasta el punto de arrojar piedras y botellas a los periodistas que le cercaban.

El otro gran desaparecido, Thomas Pynchon, nació en Glen Glove (Long Island, EEUU) y fue alumno de Vladimir Nabokov. Nunca nadie, ni siquiera sus editores, han visto la cara de este autor fetiche de la juventud estadounidense. Se da la circunstancia de que todos los documentos que acreditaban su existencia han desaparecido: su brillante expediente universitario, su documentación militar (participó en la II Guerra Mundial), y su fichero profesional en la compañía Boeing Aircraft, donde trabajó dos años antes de comenzar a publicar. Extremos que no han hecho más que agrandar el misterio del autor de La subasta del lote 49 (1966), El arco iris de gravedad (1973), Vineland (1990) o Mason y Dixon (1997).

Y en Alemania tenemos a Patrick Süskind, al que se suele llamar en los círculos literarios «el fantasma» o «el Salinger germano». Con el resurgimiento del interés por su vida personal a raíz del estreno de El perfume, la prensa de su país ha multiplicado los artículos sobre él, aunque con escasas novedades, y siempre girando sobre los mismos detalles, totalmente escasos. A través de los responsables de la película se ha podido saber que Süskind se resistió durante años a que su novela fuera llevada a la gran pantalla y que se ha desentendido de cualquier detalle de su realización. Si el director, Tom Tykwer (Corre Lola, corre) reconoce que sólo le vio en una ocasión, muy de pasada, el productor, Bernd Eichinger (El hundimiento) afirma que el escritor ni siquiera quiere ver la película terminada.

Eichinger confiesa que llevaba detrás de los derechos del libro desde 1985 y que, al final, el escritor cedió en 2001, eligiéndole a él en lugar de a otros interesados quizás con más proyección internacional, como Tim Burton o Julian Schnabel. Una vez comenzado el rodaje, Süskind incluso se enojó cuando en cierta ocasión Eichinger le llamó por teléfono para pedirle asesoramiento sobre cómo interpretar una secuencia del libro. «Yo ya hice mi trabajo, ahora hagan ustedes el suyo», respondió el escritor. «El olor de su genio llenó todo el rodaje, pero de Süskind no hubo ni rastro», responde, por su parte, el actor principal, Ben Whishaw, que encarna en la película al personaje del genial perfumista y abominable asesino en serie Jean—Baptiste Grenouille.

En busca de pistas

Y pese a que los amigos de Süskind han creado un férreo muro de silencio en torno a su persona, la cineasta Julia Benkert ha comenzado a investigar con paciencia y cautela sobre el autor para la elaboración de una película. Ella afirma haber conseguido algunas «pistas» sobre la existencia de Süskind, pero otros miembros de su equipo se han sorprendido cuando gente que le conoció antes de su desaparición insiste en que era un joven «totalmente normal, tan normal que uno no puede ni imaginarlo».

Algunos entrevistados destacan su «espontaneidad», y alguien que trabajó con él durante la elaboración del guión y la película Rossini (1995), Joachim Krol, asegura que para saber más cosas de Süskind sólo hay que ver la película, «ahí está todo». De hecho, uno de los personajes asegura durante el filme: «No vivo, escribo». Las pocas imágenes que se tienen de Süskind le muestran sin apenas pelo, delgado y con gafas redondas de metal. Nada que ver con el amable joven rubio que recuerdan muchos que le trataron en Ambach y Múnich.

Así pues, ¿a qué se debió su volatilización prematura? En la prensa no deja de haber voces suspicaces que hablan de que no pudo «soportar», tras el inmenso éxito internacional de El perfume, que sus obras posteriores La Paloma (1988), La historia del señor Sommer (1991) y Un combate (1996), fueran recibidas como obras menores.

Otras plumas barajan, sin embargo, que todo puede ser una estrategia de «confusión» del propio autor para mantener el interés en su persona y obra. Sin embargo, hace ya años que dejó claras sus intenciones de «desaparecer» y no volver a ofrecer una entrevista hasta que cumpla 70 años, es decir, hasta 2019. Paciencia. Así se lo prometió a la periodista alemana Edith Lier en su único encuentro mediático conocido. La versión popular más extendida sobre su «desaparición» es que, simplemente, no pudo seguir aguantando la atención planetaria que se le dispensaba por el éxito de El perfume y se «borró» a sí mismo de la faz de la Tierra. Su deseo de «desaparecer» ha sido también consecuente con los premios que ha recibido desde entonces (el del Frankfurter Allgemeine Zeitung y el Gutemberg, entre otros), rechazándolos o, simplemente, no recogiéndolos.

Algunos analistas apuntan que en el comportamiento del novelista ha influido la actitud autoritaria de su padre, periodista y escritor. Además, los llamados «expertos» han querido ver en sus obras «referencias paternas» como el poder, la ambición, las obsesiones, la soledad, el amor y la vida. De hecho, cuentan que Süskind suele prepararse durante años en el tema sobre el que luego escribe. Así, en el caso de El perfume, se convirtió en un experto olfativo tras pasar largas temporadas en las instalaciones de la perfumera Fragonard.

Los pocos detalles de su biografía que se manejan con cierta credibilidad arrancan un 26 de marzo de 1949 en Ambach, una localidad volcada sobre el lago bávaro de Starnberger que ni siquiera aparece en las guías de viaje. Como cualquier otro niño de la localidad, Patrick Süskind acudió a la escuela y al instituto. Y finalmente se marchó a la capital del Estado, Múnich, donde desarrolló sus estudios de Historia Medieval y Moderna.

Su padre, Wilhelm Emanuel Süskind, es uno de tantos ciudadanos alemanes que en 1933, con la llegada de Adolf Hitler a la cancillería, no se aparta explícitamente de los nazis. Incluso llega a comentar que «es una situación interesante» (1940).

Para Patrick Süskind, sus estudios universitarios se convierten en una liberación de su entorno habitual. En Múnich, y al hilo de la revolución que recorrió el mundo en 1968 desde París, el hoy fantasma suelta amarras con su familia y se gana su propia vida con mil y un trabajos que simplemente le permiten comer. Al finalizar sus estudios, pasa un año en Aix—en—Provence (sur de Francia), no muy lejos de donde, años después, situaría el escenario de su archiconocida novela El perfume, la ciudad de Grasse. Allí perfecciona su conocimiento del idioma y la cultura francesas.

Y para sorpresa de los que hoy subrayan su silencio, en 1974 finaliza por fin sus estudios con una tesis, que defiende él mismo en una exposición oral, sobre el compromiso social y político de George Bernard Shaw. A partir de ahí, se ganará la vida interviniendo en charlas y elaborando guiones de todo tipo.

Con El contrabajo, en el que el protagonista termina suicidándose, logra cierto renombre en el mundo del teatro. El monólogo se representa en todo el mundo germano y luego da el salto, ocupando escenarios desde Israel hasta Australia. De hecho, se convierte en la segunda obra alemana más representada de la Historia.

Pese a lo que se pueda pensar, Süskind mantiene una buena amistad con el dibujante francés Sempe, que ilustró su libro primerizo Historia del señor Sommer, y con el director de cine Helmut Dietl, con el que escribió los guiones de dos célebres series de televisión, Monaco Franze y Kir Royal y alguna película como Rossini (1995). «La ignorancia no tiene nada de vergonzoso, la mayor parte de los hombres ve en ella la felicidad. Y, de hecho, es la única felicidad posible en este mundo. No la rechacéis a la ligera», ha dejado escrito el novelista. Quizá por ello anda tan escondido.

Por: Carlos Álvaro Roldán

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